Políticas que protegen al adolescente tienen vacíos

Políticas que protegen al adolescente tienen vacíos

LA AGENDA SOCIAL

  • “Derecho a la Supervivencia”: Ningún niño o niña menor de 28 días muere por causas prevenibles.
  • “Derecho a la Supervivencia”: Ningún niño, niña o adolescente con hambre o desnutrición.
  • “Derecho al desarrollo”: Ningún niño, niña, adolescente sin educación.
  • “Derecho a la protección”: Ningún niño, niña o adolescente maltratado.
  • “Derecho a la protección”: Ningún niño, niña o adolescente ejecutando trabajos prohibidos o peligrosos.
  • “Derecho a la participación”: Fomentar la participación social y construcción de ciudadanía

“Si bien hay un avance en relación con otras décadas, la deficiencia de los programas radica en que no contemplan las necesidades e intereses propios de cada grupo etario”

Las estadísticas del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), recogidas por el Sistema Integrado de Indicadores Sociales del Ecuador (Siise) señalan que en 2000, el 40% del total de fallecimientos de los adolescentes ocurrió por formas de muertes externas o denominadas también “evitables” (tales como violencia, suicidios, accidentes de tránsito, ahogamientos, embarazos precoces). Mientras que en 2006 la cifra aumentó al 47%, y en 2007, al 60%.

Para Margarita Velasco, secretaria técnica del Observatorio de los Derechos de la Niñez y Adolescencia (ODNA), estos índices reflejan los problemas de disfunción de la sociedad y lo vulnerables que son los adolescentes frente a ellos.

Lo primero, dice, responde a que las sociedades de todo el mundo cada vez son más violentas debido a las desigualdades y a las pocas oportunidades que ofrecen; y lo segundo, tiene que ver con la falta de políticas públicas específicas dirigidas para este sector de la población.

Y sobre esto último crítica: “Durante años los adolescentes han sido un grupo excluido de las políticas públicas. No ocurre igual con los niños menores de 5 años, para quienes hay programas desde la creación del Ministerio de Salud”, afirma.

Desde 2004 está vigente en el país el Plan Nacional Decenal de Protección a la Niñez y Adolescencia, que propone la “prevención de peligros que atentan contra la vida y la integridad” de los adolescentes de 12 a 18 años. Sin embargo, “no es específico”, observan la representante del ODNA, y María Eugenia Foster, socióloga y responsable del área juvenil del Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer (Cepam).

“Si bien hay un avance en relación con otras décadas, la deficiencia de los programas radica en que no contemplan las necesidades e intereses propios de cada grupo etario”, indica Foster.

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Otra política pública es la Agenda Social de la Niñez y Adolescencia, que rige desde 2007. Esta tiene seis ejes de acción, pero no contempla la prevención de las principales razones de defunción de los adolescentes.

Pese a ello, Francisco Enríquez, técnico nacional del Consejo Nacional de la Niñez y Adolescencia (máximo órgano de control de las políticas del mencionado grupo), sostiene que la Agenda superó al Plan Decenal, a través de la incorporación de acciones intersectoriales. “Lo que ha permitido un progreso sustancial, puesto que ahora se han priorizado las políticas”, manifiesta.

Enríquez asegura que uno de los postulados reza que “ningún niño o niña o adolescente muere por causas prevenibles”. No obstante, en el primer eje de acción, al que hace referencia el técnico, y que tiene como fundamento el “Derecho a la supervivencia”, solo reza que: “Ningún niño o niña menor de 28 días muere por causas prevenibles”.

Esta realidad es, según Velasco, un retroceso en las garantías fundamentales de los adolescentes. Y a pesar de que no hay una investigación reciente que permita medir el cumplimiento de los derechos de los menores de edad, “en este tema, en el país, los indicadores no varían  significativamente, por lo que si se quiere hacer comparaciones, bastaría con revisar los datos existentes”, explica.

En 2002, en la calificación dada por el ODNA, el Estado obtuvo 4,2/10. Mientras que en 2006, sobre la misma base, el puntaje fue de 4,4, con lo que “se quedó de año”, pues lo mínimo para pasar es 7, agrega Velasco.

Esta medida se refiere a tres derechos básicos: a vivir libres de amenazas y peligros, a un crecimiento físico y emocional saludables y al acceso a la educación secundaria. Teresa Cabrera, técnica de la ONU para la Dirección de la Juventud del Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES), considera que los planes -tal como están estructurados- sí funcionan, aunque reconoce que por lo noveles que son, aún falta que se los integre entre sí.

“Primero hay que articular las propuestas a nivel interinstitucional y luego promoverlas desde la sociedad civil para que las hagan suyas”. Y añade que, incluso, entre la misma población adolescente habría que establecer diferenciaciones según el sexo. “Porque está comprobado que los adolescentes mueren más por formas relacionadas con la violencia en la calle, mientras que las adolescentes son víctimas de la intrafamiliar”.

De los 923 adolescentes que perdieron su vida en 2007 por razones evitables, 680 de ellos eran hombres. Cabrera indica que “los procesos educativos y de acompañamiento son una alternativa para fomentar la exigibilidad de las políticas públicas”.

Mientras que Enríquez y Velasco coinciden en que los planes deben aplicarse para que cumplan su objetivo. Además, Mery Jiménez, subdirectora nacional de la Dirección Nacional de Policía Especializada (Dinapen), recomienda que debe garantizarse a los adolescentes “el acceso a todos los servicios que se encargan del cumplimiento y vigilancia de las políticas nacionales y crear una cultura de confianza entre ambos actores”.

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Crisis económica perjudicaría más a mujeres

Crisis económica perjudicaría más a mujeres

Mirella Intriago y María Guagua, dos comerciantes que desarrollan su labor en las calles de Guayaquil, ven la crisis económica del mundo con diversas ópticas. Para la primera, que expende artesanías, “ese problema es algo que no tiene nada de nuevo. Crisis siempre ha existido”. Para la otra, que a sus clientes ofrece ropa, “es una realidad que se siente en las escasas ventas”.

Es precisamente ese colectivo, el de las mujeres, el que según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) será el más golpeado por la crisis económica. El informe del organismo llamado “Tendencias de empleo para las  mujeres” reza que a nivel mundial, el porcentaje de desempleo de ellas podría llegar hasta el 7,4%, frente al 7% de los hombres.

Estadísticas de la OIT destacan que de los 3.000 millones de personas empleadas en todo el mundo en 2008, 1.200 millones eran féminas, es decir, un 40,4%. Entre las razones que los expertos alegan para explicar el negativo impacto en las mujeres, sobre todo a las de Latinoamérica, se encuentra que antes de la crisis, en la región, la brecha entre el empleo masculino y el femenino ya era muy grande.

En Ecuador esa desigualdad a la que hace referencia la OIT se evidencia en el acceso al empleo. De los 4’225.404 ocupados del país (en el área urbana de las principales ciudades), 2’473.054 son hombres y 1’752.352 son mujeres, de acuerdo con las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC).

Mariana Giler, gerenta de la cooperativa De Todas, que apoya con créditos a las mujeres trabajadoras, considera que la proyección del organismo internacional tiene un alcance evidente en las ecuatorianas, pues “en el hogar son las que resuelven los problemas económicos. Generalmente los esposos entregan el dinero y ellas tienen que solucionar las necesidades”, sostiene Giler.

Ella agrega que hay muchos casos en los que las familias tienen jefa de hogar y por eso “las mujeres serán  afectadas”. En el país, el 22,1% de los hogares no pobres y 27,7% de los hogares pobres tienen jefatura femenina. El 44,8% de las mujeres no tienen ingresos propios frente al 18,7% de hombres; 46,6% de mujeres con cónyuge no tiene ingresos propios.

La OIT prevé que el nivel global de desempleo pueda llegar hasta el 6,3% en el escenario más optimista, y hasta el 7,1% en el más pesimista, lo que significaría un incremento de entre 24 millones y 52 millones de desempleados.

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El INEC en su último registro resalta que en el mercado laboral, en el sector informal trabaja el 44,3% de mujeres, frente al 42,5 % de hombres. Mientras que el formal está ocupado por el 36,2% de ellas, frente al 44,5% de ellos.

Óscar Mendoza, decano de la Facultad de Ciencias Humanísticas y Económicas de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol), analiza que el problema en las mujeres se daría en las que tienen menor preparación académica y quienes presenten mayores índices de pobreza. “La empresa al momento de despedir no se fijará si es un hombre o una mujer, sino en si el empleado es últil o no”, observa el analista.

En el aspecto académico, en 2007, en el área urbana, el 84,1% de las mujeres y el 87,3% de los hombres completaron la enseñanza primaria. La desiguadad de género se evidenció más en el sector rural. Tan solo 59,9% de las mujeres terminaron y aprobaron el nivel primario, esto es cinco puntos porcentuales menos que los hombres (64.7%). En 2006 el analfabetismo en las mujeres fue de 10,3%, en los hombres fue de 7,7%.

Suicidio, principal forma de muerte de adolescentes

Suicidio, principal forma de muerte de adolescentes

ANTECEDENTES

Según la OMS, el suicidio se ha convertido en la tercera causa de muerte entre los adolescentes de todo el mundo y la primera entre las jóvenes.
El Código de la Niñez y la Adolescencia, en el capítulo II, “Derechos de supervivencia”, artículo 20.-Derecho a la vida, establece que: “Los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a la vida desde su concepción. Es obligación del Estado, la sociedad y la familia asegurar por todos los medios a su alcance, su supervivencia y desarrollo”.
El suicidio es considerado un problema de salud pública.

En al menos 19 provincias del país el suicidio en adolescentes, entre 10 y 19 años, se registra como la primera o segunda forma en la que fallece este grupo etario. En dos décadas (de 1980 a 2000) el porcentaje pasó del 2% al 6%. Mientras que entre 2000 y 2007 se registraron 1.231 casos, según el Sistema Integrado de Indicadores Sociales del Ecuador (Siise).

Sin embargo, el suicidio como tal no puede ser estudiado ni visto independientemente de las causas que lo originan, dice Consuelo Bowen, técnica nacional del Consejo Nacional de la Niñez y Adolescencia (CNNA). “La razón real de la muerte de los adolescentes no es el suicidio. Eso es solo una forma de muerte cuyas causas son problemas estructurales que se originan en su entorno familiar”.

Enrique Aguilar, responsable nacional del programa de salud mental del Ministerio del ramo, confirma que los factores detectados que llevan a los adolescentes a suicidarse son tres: el fracaso escolar; la migración y los divorcios de los padres; y el factor estacional (en fin de año). Aunque el CNNA si bien coincide en las dos primeras causas como detonantes, ubica como tercera a las depresiones por violencia intrafamiliar, embarazos precoces y relaciones amorosas.

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Precisamente en el último mes se han registrado dos casos vinculados a esas razones. El miércoles pasado una adolescente de 14 años se quitó la vida por sus bajas calificaciones en la materia de Dibujo Técnico cuyos trabajos eran devueltos con la consigna: “No sirve”. Además, el 25 de febrero otra fémina de la misma edad, que vivía en Manta, se provocó la muerte tras discutir constantemente con sus padres.

Pichincha con 291 casos y Guayas con 157, son las provincias que registran más suicidios en adolescentes. Para la técnica del CNNA, estas cifras dan cuenta de una sociedad que no protege a niños y adolescentes, pues “no toma medidas adecuadas cuando ellos y ellas afrontan inconvenientes o vulneración de sus derechos. En lugar de eso, los relega y los obliga a tomar estas medidas extremas”.

La fractura de las familias, producto de la migración, es un factor determinante en los adolescentes que habitan en la Sierra central del país, y que deciden autoeliminarse, sostiene Aguilar. “Especialmente afecta a niños”, recalca.

De esta zona, Azuay registra el indicador más alto: 126 casos desde 2001 hasta 2007. Jéssica, de 12 años, quien habita en el cantón Gualaceo, corrió con mayor suerte, pues fue encontrada a tiempo y le practicaron un lavado de estómago. La menor de edad tomó pastillas porque quería que su papá la llevara con él a España, y reconoce que no buscaba morirse. Solo “quería que mi papá venga a verme”, dice.

Por reacciones como esta, Álvarez afirma que “el modelo social nos pasa factura con los adolescentes y niños”. El plan de salud mental estima que el 80% de los adolescentes que se suicidó lo hizo con sustancias no farmacológicas y el 35% consumía drogas o alcohol.

Las adolescentes son más vulnerables al suicidio que los varones, sostiene Anabella Arévalo, especialista del Centro Ecuatoriano para la Promoción y Protección de la Mujer (Cepam). “Hay una desventaja de ser mujer o niña frente a los niños y adolescentes varones, por la sociedad patriarcal donde vivimos”.

Y otro factor que dispara los suicidios en adolescentes es el embarazo no deseado, indica Arévalo. “Si ella no tiene con quién conversar, no tiene un referente de padre o madre o vive violencia intrafamiliar, la única salida que encontrará será el suicidio”.


El embarazo aumenta riesgos en adolescentes

El embarazo aumenta riesgos en adolescentes

Un informe presentado la semana pasada por el Comité Internacional de la Cruz Roja señala que en el mundo mueren al año más de medio millón de mujeres por complicaciones durante el embarazo, parto o puerperio (40 días después del parto), 70.000 de las cuales son menores de 19 años.

El Plan Nacional de Prevención del Embarazo en Adolescentes (PNPEA) ubica al Ecuador como el país andino con mayor fecundidad adolescente (oscila alrededor de 100 nacimientos por cada mil mujeres).
El embarazo precoz, en cualquiera de las etapas del proceso, está entre las primeras causas de muerte en este grupo, según la publicación Índice, del Sistema Integrado de Indicadores Sociales del Ecuador (Siise) realizada en el año 2000.

En 1980, el 4% de las adolescentes murieron por causas relacionadas con el embarazo; mientras que en 2000, el porcentaje se ubicó en 8%, Y en 2007, del total de mortalidad materna (176 mujeres), el 20% de ellas eran adolescentes, según el Consejo Nacional de Mujeres (Conamu).

embarazo_adolescenteLas defunciones en madres adolescentes están relacionadas principalmente con el tardío acceso a los servicios de salud y con la falta de desarrollo de sus órganos y cuerpos, explica Luis Enrique Diez, director de la Maternidad Santa Mariana de Jesús, ubicada en el Suburbio de Guayaquil.

Diez indica que mientras a más temprana edad se da el embarazo, aumenta la probabilidad de riesgo, porque la estructura biológica no está apta para el proceso de reproducción. “Quienes están entre los 15 y 18 años tienen el doble de probabilidad de morir en relación con las que tienen más de 20, pero en aquellas que están por debajo de los 14 años el riesgo aumenta en 5 veces”, advierte Diez.

Pese a las dificultades biológicas, Iris Balarezo, responsable del Centro de Adolescentes Promoviendo un Futuro Seguro, Capfus, dice que todos los riesgos se reducirían si las adolescentes se hicieran los controles prenatales cada mes. “El problema es que la mayoría tiene miedo del rechazo familiar y social y por eso oculta su embarazo, y cuando viene a buscar ayuda está en el último trimestre o ya con dolores”.

Según la serie histórica del Registro de Defunciones 1999-2006 los indicadores más altos de adolescentes muertas por embarazo o causas relacionadas con este se concentran en las provincias de Orellana (54,02%); Pastaza (30%) e Imbabura 27,45%. En Galápagos el porcentaje es de 0%. De su lado, en las maternidades Santa Mariana de Jesús, Enrique Sotomayor; el Hospital Materno Infantil del Guasmo Matilde Hidalgo de Procel, en Guayaquil; y el Isidro Ayora en Quito, no registran muertes de madres adolescentes. “Porque reciben la atención necesaria de los especialistas”, certifica Ricardo Moreno, director del hospital del Guasmo.

Porcentaje de Mortalidad materna en adolescentes (10-19 años)
Porcentaje de Mortalidad materna en adolescentes (10-19 años)

Pero los riesgos de muerte también son para los hijos de esas madres, lo confirma Mariana Solano, especialista de Capfus, centro en el que atienden 20 embarazos nuevos cada día, “porque las adolescentes no se vacunan, no toman vitaminas, ni suplementos necesarios las posibilidades para que el embarazo llegue a buen término se reducen a la mitad, y si logran nacer unos no pasan del primer año y otros son los que engrosan la fila de desnutrición en el país”. El bajo nivel de educación de las adolescentes, las condiciones de vida, el conocimiento y uso de  anticonceptivos y el entorno familiar suponen factores de riesgo para la ocurrencia del embarazo en estas edades, así como una consecuencia del mismo, que por los índices que ha alcanzado es considerado ya un problema de salud pública en el Ecuador, en donde dos de cada tres adolescentes de entre 15 y 19 años sin educación son madres o están embarazadas por primera vez, según el PNPEA.

Mujeres excepcionales

Mujeres excepcionales

– Cada vez que lo escucho me enoja. ¡Pedir permiso para estudiar!

– ¿Y qué esperabas? ¿Una fiesta, una alfombra roja, los zapatitos de cenicienta para entrar al aula o al quirófano? Provinciana tonta, la ciencia es tierra de hombres y nadie quiere tus pies ahí.

Este fragmento corresponde a un diálogo del documental “Tierras prohibidas”, hecho en homenaje a la primera mujer que se graduó de médico en Sudamérica, Cecilia Grierson.

Cecilia Grierson en 1894
Cecilia Grierson en 1894

La doctora Grierson nació en Buenos Aires en 1859 y creció en los campos entrerrianos. Fue pionera en la Argentina de su época por su abnegado trabajo en la lucha por los derechos de la mujer y como activista de una generación que ponía todo lo imaginario para trazar el nuevo modelo del país.

Cuando la ciencia era solo un universo masculino, ella se atrevió a inscribirse en la carrera de medicina y logró obtener su título estudiando en un ambiente angustiante y de burlas por parte de sus compañeros en la Facultad de Medicina de Buenos Aires.

Cecilia Grierson tomando examen en Escuela de Enfermería
Cecilia Grierson tomando examen en Escuela de Enfermería

La doctora Grierson no fue la única mujer pionera de su país. Los ecuatorianos ya saben sobre la fascinante lucha de Matilde Hidalgo contra la discriminación de una sociedad conservadora y machista en el Ecuador de principios del siglo pasado.

Matilde Hidalgo nació el 29 de septiembre de 1889 en Loja, Ecuador.
En aquellos años en que las mujeres ecuatorianas tenían la educación superior prohibida, ella demostró su indeclinable deseo por seguir sus estudios, le sabía a poco quedarse con los escasos conocimientos de la escuela primaria y se lo comentó a su hermano Antonio quien pidió una matrícula en el colegio Bernardo Valdivieso. El rector se tomó un mes para pensar en el asunto hasta que decidió abrirle las puertas y permitirle seguir el bachillerato, tal es así que en el año 1913 fue la primera mujer del país que se graduó de bachiller y con notas sobresalientes.

Desde jovencita ya se perfilaba su fuerte e inflexible personalidad de perseguir sueños que en aquel entonces eran vedados para las mujeres y no se resignó ante las críticas sociales de las que fue víctima, tal es así que en su ciudad y círculos sociales se la conocía como ‘La loca endemoniada’.

Las madres les prohibían a sus hijas que tuvieran amistad con ella y el clero la obligó a escuchar las misas desde fuera de la iglesia, entre otras barbaridades.

Matilde Hidalgo, docente en el Colegio Valdivieso en 1922
Matilde Hidalgo, docente en el Colegio Valdivieso en 1922

Pero ella no se quedó solo con ese logro, ya que tenía estudios secundarios, se propuso estudiar medicina, obviamente esto la enfrentó nuevamente a la hostilidad y a nuevas trabas y prejuicios.

Claro, por su condición de mujer hubo quienes intentaron convencerla que se dedique a la enfermería, pero Matilde Hidalgo no claudicó, al contrario, hizo lo imposible hasta que consiguió el apoyo del rector de la Universidad de Cuenca, Honorato Vázquez, que la apoyó para que realice sus prácticas médicas en el Hospital San Juan de Dios. Así entre críticas por parte de sus compañeros e insultos en la calles, en el año 1923 obtuvo el título de Doctora en Medicina en la Universidad Central del Ecuador, otra vez, con el mejor promedio.

La doctora Matilde ya había logrado tanto que se fijó otra de esas metas que eran imposibles de acceder para las mujeres de aquellos años. Corría el año 1924 cuando decidió inscribirse en la Junta Electoral porque quería votar en las próximas elecciones presidenciales, claro está que volvió a ser objeto de críticas y recriminaciones, pero logró quedar empadronada y materializó el derecho al voto femenino, único en toda Latinoamérica, estamos hablando de la primera mujer que emitió un sufragio en los países de habla hispana de nuestro continente.

Esta conquista democrática de la Doctora Hidalgo fue el punto de partida de la integración y participación de la mujer en la política de Ecuador.
Se transformó en la primer Concejal de Machala, luego en 1941 se postuló como diputada por Loja y ganó en la ciudad que tantas veces se horrorizó por sus ambiciones. Pero las cosas le seguían siendo adversas, luego del triunfo se enteró que no figuraba en la lista de Diputados del Partido Liberal, la habían puesto como “primera suplente”. Eso significaba que el mundo de la política seguía siendo manejado por los hombres.

Cientos de mujeres indignadas levantaron firmas para que se revierta la situación ya que tenían la necesidad de tener “una voz femenina que defienda nuestros derechos en el Parlamento, pospuestos injustamente por sociedades constituidas por la prepotencia viril”, argumentaron.

Matilde Hidalgo con sus 'colegas' médicos
Matilde Hidalgo con sus 'colegas' médicos

De ahí en adelante nada detuvo a las próximas generaciones femeninas ecuatorianas, a ella le sucedieron otras mujeres que le dieron continuidad al legado que dejó Matilde Hidalgo.
La doctora Hidalgo falleció a los 85 años el 20 de febrero de 1974.

Su nombre lleva el sello de mujer luchadora y perseverante, como si la vida la hubiese destinado a derribar barreras infranqueables para las mujeres de aquellos tiempos que la llevaron a ser la primera mujer en graduarse de bachiller en su país, la primera en tener derecho al voto en Latinoamérica y la primera en ser electa en una campaña electoral de Ecuador.

Este es el homenaje que hacemos para celebrar el Día Internacional de la Mujer, contando las historias de 2 mujeres pioneras en Latinoamérica.

¿De qué vida hablamos?

¿De qué vida hablamos?

¡Que bien que estén en el debate público temas como sexualidad, maternidad, inicio de la vida, métodos de regulación de la fecundidad, porque entonces estamos hablando de condiciones para una vida digna!

Son temas que tienen que ver con las experiencias y decisiones vitales de los hombres y las mujeres, porque aunque se pretenda presentar a la maternidad o el embarazo como una  experiencia religiosa, espiritual, que pudiera serlo; no es menos cierto que es producto de un acto sexual entre un hombre y una mujer, ojalá también de  un acto amoroso, respetuoso, placentero.  Pero sabemos que no siempre es así y que producto de un acto sexual puede haber un proceso de fecundación, unión de células,  que  no es sinónimo de embarazo, menos aun embarazo planificado  o hijo deseado, como los embarazos producto de violencia sexual, lamentablemente mas frecuentes de lo que se reconoce.

Los hijos o hijas  son posibles por el deseo inconciente de la madre y el padre y eso no se reduce a  una experiencia biológica.  Es un sueño, una ilusión,  un acto de palabras, de amor, un compromiso con la vida, lo que humaniza y da sentido a un proceso de fecundación, solo así se abre la posibilidad de traer un hijo/a al mundo.

Es asumir el reto de ejercer como madre o padre, es adoptar a un nuevo niño o niña, para que sea feliz; porque  hay  quienes lo reciben con cariño y cuidado, quienes tienen que  transmitir, historias que contar, lenguaje y medio ambiente  que heredar; compartir  no solo bienes materiales, que son imprescindibles, sino el deseo y trabajo por una vida digna.

Desear dar la vida a otro/a se construye cotidianamente,  en el tejido familiar, eso tiene que ver con: Cómo fue mi vida como hija/o ? Qué pareja eran mi madre y mi padre? Cómo eran criados los niños/as alrededor? Comían, jugaban, estudiaban, eran tratados con cariño? Cuánto conozco y cuido mi cuerpo  y el de mi pareja? Qué educación e información sexual recibí? ¿Qué acceso a servicios de salud tengo?  He contado con médicos amigables?  que hablan mi idioma y conocen el contexto en el que vivo? que ofrecen métodos de regulación de la fecundidad regularmente? que aclaran los temores y mitos?   ¿Hombres que conocen su cuerpo y el de sus parejas? que se corresponsabilizan de los métodos de regulación de la fecundidad,  sin prácticas autoritarias o machistas?

En este contexto las mujeres sabemos bien que es vida digna y esa es la que queremos para nuestros hijos e hijas y asumimos la responsabilidad de nuestros actos, no necesitamos “tutores/as” para controlar nuestros deseos, sueños, menos aun nuestros cuerpos con el pretexto del derecho a la vida desde la concepción, cuando de lo que se trata es de vida digna!

Sonia Rodríguez Jaramillo (srodriguez@cepamgye.org)

Mujeres maltratadas reconstruyen sus vidas con apoyo grupal

Mujeres maltratadas reconstruyen sus vidas con apoyo grupal

El alto índice de violencia a la mujer en nuestro país ha llevado a muchas organizaciones, gubernamentales y no gubernamentales, a mantener una lucha sin tregua contra este mal social que carecía de apoyo suficiente por parte de las autoridades públicas y que ahora, de a poco, se empiezan a tomar serias medidas de protección a la mujer violentada y a sus hijos.

El Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer (CEPAM), en Guayaquil, ha creado como respuesta a tanta violencia grupos de apoyo, los mismos que son espacios de reflexión colectiva de mujeres que viven o han vivido en alguna etapa de su vida algún hecho de violencia de género e intrafamiliar y que buscan apoyarse entre sí para manejar de manera más saludable las secuelas de la violencia, poder tomar decisiones, asumir cambios y enfrentar la vida con mayor plenitud.

Un principio de la formación de los grupos de apoyo es que la participación de las mujeres debe de ser voluntaria; se debe estimular su integración al trabajo grupal lo más rápidamente pero sin presión, respetando su individualidad y toma de decisiones.

Según Verónica Espinel, psicóloga del CEPAM, los grupos de apoyo, bajo esta modalidad, recogen la vida cotidiana de las mujeres, las construcciones que han hecho de ella, pero centrándose en el análisis sobre los costos que estas formas de ver la realidad ha tenido para ellas. “Es un espacio donde se valoren saberes, donde las facilitadoras y cada una de ellas comparten poderes a partir de estos conocimientos, donde nadie es dueño de una verdad, ni de algo bueno o malo, sino que cada una ha vivido de formas diversas sus experiencias alimentadas por un contexto social patriarcal que le ha dado un significado a sus vidas. Se procura que todas se comuniquen y se escuchen sin juzgarse, sin culparse, ni criticarse”, afirma Espinel.

En este espacio se trata de partir del problema común para fortalecer capacidades en la toma de decisiones a nivel personal, y para la construcción de una mejor calidad de vida sin violencia en los hogares.

Espinel manifiesta que si lo que pretendemos es motivar la participación de las mujeres, es recomendable que el grupo de apoyo esté conformado con 10 ó 12 participantes. No obstante, se puede iniciar con 5 mujeres. Se debe tener mucho cuidado en integrar al mismo grupo, familiares o personas muy allegadas entre sí, porque existe el riesgo de que surjan problemáticas de tipo familiar no resueltas que podrían originar un desvío del tema fundamental o podría silenciarlas.

Testimonios

– “Estamos aquí por situaciones parecidas. Es grato saber que estamos compartiendo y planeando objetivos importantes…son nuestros sueños poder decirlos, palparlos y hacerlos factibles”. Participante del grupo “Iniciando Caminos”.

– “Poder expresar las cosas que hemos estado sintiendo y viviendo, saber que no sólo yo he pasado por cosas malas, me ha ayudado a tomar decisiones para hacer que las cosas sean diferentes, para vivir de otra manera, con tranquilidad y paz”. Participante del grupo “Lo Cotidiano”.

– “Romper el silencio me permitió poner un pare, para poder hacer cambios, para no ser más sometida”. Participante del grupo “De-construyendo la Violencia vivida”.

Tema publicado en la revista Mujeres 365, año 1 No. 6