Jóvenes se convierten en políticos, pero lejos de los partidos

Jóvenes se convierten en políticos, pero lejos de los partidos

Tomado de la versión impresa de Diario El Telégrafo del 10 de Noviembre del 2009

Solo el 10% del colectivo en Latinoamérica ingresa a grupos tradicionales. En Ecuador la cifra baja al 2%.

Antecedentes

 

Los presidentes de los países iberoamericanos decidieron declarar a 2008 como Año de la Juventud. La iniciativa fue promovida por El Salvador, nación en que se celebró la cumbre de mandatarios que tenía como eje a los jóvenes.

El artículo 39 de la Constitución establece que “el Estado garantizará los derechos de las y los jóvenes, y promoverá su efectivo ejercicio a través de políticas y programas, instituciones y recursos que aseguren y mantengan de modo permanente su participación e inclusión en todos los ámbitos, en particular en los espacios de poder público”.  Además, se los reconoce como actores estratégicos para el desarrollo del país.

Todas las semanas alrededor de 10 jóvenes se reúnen en las instalaciones del Centro Ecuatoriano de Promoción a la Mujer (Cepam), en Guayaquil.

Sus edades oscilan entre 20 y 30 años. El motivo del encuentro es intercambiar experiencias que obtienen durante la impartición de talleres y clases sobre sexualidad y la cultura de paz.

Para ellos esa es su forma directa de hacer política, impartiendo educación en derechos. Por eso, no acuden hasta un Congreso a diario, sino hasta los colegios y enseñan a adolescentes qué es la sexualidad, el aborto, la equidad de género, entre otros conceptos, y se autodenominan “Jóvenes educando a jóvenes”.

Jóvenes promotores luego de una reunión en la que compartieron sus experiencias

Todos estudian y todos son “políticos”, pese a que ninguno está afiliado a algún partido o movimiento. Lo que ellos hacen es lo que la Cepal define como política “no tradicional”. Ese activismo social que, en Latinoamérica está en auge.

Al menos así lo indica el estudio “Juventud y cohesión social en Iberoamérica, un modelo para armar”. Dicho documento, elaborado por la Comisión Económica para América Latina (Cepal) y la Organización Iberoamericana de la Juventud (OIJ), analiza la situación de los jóvenes en 18 países de la región, entre ellos Ecuador.

El informe, publicado hace una semana, destaca que alrededor del 80% de los jóvenes latinoamericanos tiene una posición política, pero su participación en partidos y sindicatos es apenas del 10%. Debido a estas cifras, se concluye que “es claro que los partidos han dejado de ser –si es que alguna vez lo fueron– una fuente principal de construcción de identidades políticas para las generaciones jóvenes”.

Eso es algo que conoce Linda Vargas, miembro del Servicio de Paz y Justicia (Serpaj) y del Observatorio de Jóvenes. Ella dice que en los últimos años se ha visto un despertar en los jóvenes para luchar por diferentes causas.

En el caso de Vargas ella está comprometida en la abolición de la obligatoriedad del servicio militar y en la equidad de género. Lo primero ya se logró. La nueva Constitución establece que el servicio militar es voluntario.

“El lobby de los jóvenes fue muy fuerte durante el proceso constituyente. Se emitió el mandato juvenil que fue acogido en gran parte”, asegura.

Ejemplos como este, demuestran que tal como afirma la Cepal, este colectivo ha encontrado espacios en los que se desarrolla y participa socialmente. Así, su política no tradicional incluye redes sociales, tribus urbanas, movimientos religiosos o de voluntarios, organismos ecologistas o indigenistas.

Ese también sería el caso de Ecuador, pues de acuerdo con el informe. de los 2’425.808 jóvenes que el INEC calcula hay en el país, apenas el 2% participa en los partidos políticos tradicionales, revela Cepal. Los demás, teniendo una posición política, prefieren otro tipo de involucramiento.

Para Ruth Hidalgo, directora de Participación Ciudadana, Latinoamérica vive un proceso de cambio y “eso conlleva una serie de actividades que anteriormente no se veían”, lo que se traduce en el surgimiento de una sociedad civil fuerte donde están involucrados los jóvenes.

Para ella Ecuador no es la excepción y por eso indica que la juventud ya participa activamente en la política a través de movimientos sociales; “han ido de la protesta a la propuesta”.

Lo cierto es que Cepal también señala que el 32% de los jóvenes participó o estaría dispuesto a participar en protestas no autorizadas. Esa cifra en los adultos es del 28%.

El estudio explica que esto se debe a que ahora “expresan su malestar de una manera distinta… y la falta de identificación con instituciones representativas del sistema político por parte de la juventud va de la mano con la participación reorientada hacia espacios de la sociedad civil”.

Hidalgo coincide y afirma que la creación de estos nuevos espacios son la respuesta a la “invisibilización” de los jóvenes en los partidos políticos, a sus malas prácticas.

Por eso los espacios “más informales funcionan en torno de cuestiones e intereses concretos, muchas veces temáticos; tienen bajo grado de institucionalización y no buscan representar algo que vaya más allá de lo que pretenden gestionar o resolver”.

Pese a este surgir político de los jóvenes aún existen obstáculos que deben superarse. María Eugenia Foster, líder juvenil de Cepam, hasta creó su propio término para definir a la sociedad en la que vive: “adultocentrista”. “Si un joven va a un colegio, se presenta y dice que da charlas o talleres sobre sexualidad no se lo va a tomar en serio”, sostiene.

Para Gabriel Foster esta creencia se transforma en discriminación cuando se cierran puertas. “Fuimos a pedir permiso para efectuar una feria en un parque, el guardia se nos burló. Fuimos al Municipio a hacer lo mismo y no nos tomaban en serio”, afirma.

Son estas dificultades las que los jóvenes del Cepam sortean a diario. Y para Kevinton Alvarado esto es un problema porque en realidad la participación en la política es más viable para ellos. “Nosotros conocemos de cerca la realidad social, vivimos la falta de derechos, por eso estamos en un lugar más privilegiado, para dar soluciones”.

Los jóvenes facilitadores, como ellos se autodenominan, no sueñan con cargos políticos. Su meta es aprender y ese conocimiento adquirido llevarlo a otros. En su organización no hay una estructura establecida, todos tienen voz y voto, son escuchados.

Es justamente este clima de confianza el que remarca Sonia Rodríguez, coordinadora de Jóvenes de Cepam. “Un adolescente tiene más confianza con un joven, lo ve más cercano, por eso se interesan en los temas”, señala.

Ella cree que en el momento en que los jóvenes se interesan por los temas que los aquejan, “esto conlleva un cierto nivel de participación política, porque emiten opiniones, buscan resultados, cambios”.

La especialista y el informe de Cepal coinciden en algo: ahora hay una mayor participación juvenil en todos los sectores de la sociedad.

Un ejemplo de esto es  Jennifer Chóez. Ella vive en el cantón Santa Lucía, donde enseña sexualidad a los estudiantes de distintos colegios. “En un principio fue difícil, pero ya no, ahora hay una mayor apertura”, expresa.

Es este cambio el que percibe María Eugenia Foster. Ella asegura que cada día más jóvenes se interesan por la política, por eso es deber del Estado organizar programas dirigidos a este sector de la población.

Pero para Vargas no hace falta solo eso, sino incluso mayor cohesión entre el propio colectivo. Ella afirma que los jóvenes están mejor organizados en la Sierra, “en Guayaquil hay una dispersión, cada organización maneja agendas propias”.

Aun así Juan Carlos Macías, director de Proyectos de Foro de la Juventud de Guayaquil, dice que sí hay participación de los jóvenes como respuesta al escaso protagonismo que dieron los partidos políticos.

Las nuevas formas de quehacer político, explica, deben favorecer las leyes de la juventud en América Latina. Sin embargo, aclara que el activismo debe ir acompañado de un cierto nivel de preparación y experiencia. “Eso, justamente, es lo que deben apoyar las autoridades, la capacitación para que se pueda intervenir y tomar decisiones”.

Eugenia Foster dice que la nueva Constitución deja la puerta abierta a la participación política, pero para que ese texto no quede en letra muerta es deber de los jóvenes intervenir y de las autoridades hacer respetar los derechos.

Asegura que ya han empezado y que para la próxima semana jóvenes de todo el país se reunirán para presentar reformas a la ley de Juventud.

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